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      Se sienta tranquilamente en la silla y cubre la parte delantera de su cuerpo con un suéter, como si sintiera frio. Tiene una voz muy suave, casi imperceptible. Su mirada tiene un brillo particular, es como una mezcla de nobleza y sinceridad que la delata. Sin poses, sencilla, natural; así es María Alejandra Tineo, una joven de 24 años que recién obtuvo el titulo de odontologo en la ilustre Universidad Central de Venezuela. Es la menor de tres hermanas, quienes también son UCVistas al igual que su papá, por eso desde pequña ya sabía por dónde iba su camino universitario.

Se sorprende un poco al enterarse que está a punto de ser sujeto de una entrevista, que no sólo abarca su experiencia en la beca internacional. Se ríe nerviosamente, pero se repone y acepta. La entrevista comienza:

 

-¿Por qué estudiar odontología?

Su mirada se aleja un poco, como para recordar fechas, lugares, experiencias, quizás…

-Todo empezó porque siempre he sido muy creativa -mueve las manos-, y eso lo relaciono con la parte estética de la odontología. Por otro lado, por la necesidad de ayudar a las personas de alguna forma, de servirles. De hecho, primero estudié enfermería y luego me cambié a esta carrera que fue la que siempre quise.

 

-¿Cómo fue ese cambio de carrera?

-No fue tan fácil, pero la experiencia en enfermería me ayudó mucho, porque fue ganancia en conocimientos, lo básico lo aprendí en enfermería. Además, hice pasantías en el Clínico Universitario cuando estaba en el segundo semestre,  esa experiencia al empezar la carrera te ayuda a darte cuenta si eso es lo que realmente te gusta.

 

-Odontología es una de las carreras más costosas, ¿quién te ayudaba económicamente?

-¡Muy costosa! Ahorita es más complicado. Cuando yo empecé era más fácil. Tengo un tío que siempre viaja y él me traía algunos de los instrumentos del exterior. Antes comprábamos por internet, el micro motor, por ejemplo, (¿sabes?) que se usa durante toda la carrera, lo compramos afuera. Yo entré a la escuela en un momento en el que se podían comprar las cosas, podías dañar una impresión dental y volver a hacerla sin mayor complicación, porque no era tan costoso. Ahorita no sé cómo hacen los que están empezando –se lleva las manos a la cabeza como si le doliera la cabeza de solo pensarlo-.

 

-¿Cómo entraste a AVAA?

-Mi entrevista me la hicieron María Gabriela Mustiola y Ahiby Calderón, eso fue en el año 2011. Cuando yo entré, la sede estaba en Chacao. Yo estaba en el grupo de Luis Mancera. Ana Karina Pérez, que era becaria, era una de las mejores amigas de mi hermana y ella fue quien me comentó sobre el programa.

 

-¿Qué fue lo que te atrapó de la asociación?

-AVAA estaba súper cerca de la sede donde yo estudiaba enfermería, entonces iba para allá cada vez que tenía un ratico libre. Almorzaba allá, iba a hacer voluntariado. Era un lugar en donde te sentías como en casa, porque podías llegar y abrir la nevera, almorzar, ver televisión, compartir con Martha y con todos los del staff –se dibuja una sonrisa en su rostro al recordar ese momento-. Es sentir que tenías un apoyo que no se encontraba en otro lado tan fácilmente. Además de todo lo que me han dado (...). Yo soy otra persona, he crecido muchísimo emocionalmente y profesionalmente.

 

-Fuiste líder de uno de los proyectos de voluntariado institucional de AVAA, Un Voluntario por la Vida, ¿cómo fue esa experiencia?

-Estuve trabajando en ese proyecto como tres años. Primero, cuando lo lideraba Oricia Domínguez, egresada del Programa Excelencia. Era raro hacer voluntariado donando sangre, pero era atractivo, -se ríe-. Cuando estuve en ese proyecto se sumaron muchísimos becarios, las estadísticas aumentaron, empezamos a hacer campaña por las redes sociales y se sumó mucha gente externa a AVAA. Creo que fue un proyecto que fue avanzando.

 

-¿De qué forma marcó eso tu vida personal?

La suave voz de María Alejandra se quiebra un poco antes de expresar lo siguiente:

-Primero, siento que en “Un Voluntario por la Vida”, estas ayudando de verdad de forma desinteresada, porque al final no sabes a quién vas a ayudar –encoje un poco los hombros-. Estas haciendo algo y confías en que tu aporte puede significar algo importante para otra persona. Es esa satisfacción de que muchas de las cosas que vamos a hacer en la vida nadie lo va a saber. Es trabajar sin esperar que te reconozcan o algo así, sin buscar protagonismo, ni aplausos. También fui voluntaria de “Orientación al Logro” dos años seguidos y eso me encantó. Aprendes a delegar funciones y a organizar los equipos.

 

-¿Qué becario de AVAA fue un ejemplo a seguir?

-Bueno -suspira-, cuando entré a AVAA pensaba que yo jamás iba a ser como ellos, a hablar inglés tan bien como ellos, a debatir, entre otras. Por ejemplo, me sorprendió la capacidad de debatir de Génesis Maynard. Génesis Briceño, Jaime Aguilera, Luis Mancera, todos ellos eran becarios que son maravillosos. Jaime siempre me decía que él invertía en muchos proyectos y de todos, figuraba en uno, pero lo importante era que mientras más lo intentaras, más oportunidades había de ganar algo. Pero ya va, -se interrumpe- Luz Infante fue la becaria que marcó mi vida, una chama de un barrio súper peligroso aquí en Venezuela y, ¡mira todo lo que ha hecho! Al principio uno tiene ese miedo de no saber si puedes llegar a tanto, pero en AVAA aprendes a elevar tu autoestima, porque al final todos podemos aportar algo. Ahorita yo lo hago a mi manera y estoy satisfecha con lo que hice y con lo que hago.

 

-¿Qué fue lo más difícil?

-Para mí fue, muy, muy difícil aprender a hablar inglés –se lleva las manos a la boca como si temiera algo que va a decir-, eso fue una traba. Yo salía de clases a las 4:30 pm y me iba al CVA del Centro a estudiar inglés y llegaba a mi casa a las 8:00pm a estudiar. Pero todo eso valió la pena.

 

-Si, obtuviste la beca internacional…

-Yo siempre imagine que iba a llegar. Mi papá siempre me dice una frase que es “comienza por imaginar que ya has llegado”, es de Juan Salvador Gaviota (cuento), de hecho, la tengo escrita en mi cuarto. Esa es la visión de que en algún momento llegarás y de que hay que disfrutarse el camino.

 

-¿De qué forma cambió tu vida ir a estudiar inglés en el exterior?

-Tenía miedo. Porque yo decía  “puedo escribirlo, pero no puedo hablar inglés” esos eran trabas mentales, absolutamente. Malena Pinto, la psicólogo de AVAA me ayudó a superar eso, la mamá del becario Mariano Puigvert me ayudó muchísimo también, sobre todo,  a entender que si uno dice que no puede, se lo termina creyendo. A mí la beca internacional me obligó a creer que sí podía. Yo llegué a Los Ángeles y era difícil hasta comer porque yo soy intolerante al gluten y allá los asiáticos no me entendían, ni siquiera qué era el gluten. Ese viaje me cambió. Fue fenomenal. Me conecté con personas de otros países. Fue el abrazo, la cercanía, compartir, conocer, entre otras cosas. Los Ángeles es una ciudad maravillosa, tiene lugares mágicos, llenos de paz y dinamismo, todos combinados perfectamente. Es una ciudad multicultural, donde puedes encontrar personas que comparten y se enriquecen mutuamente a partir de su diversidad. LA es la ciudad donde todos pueden seguir sus sueños y ambiciones con pasión y trabajo duro.

Esta experiencia me permitió mejorar mi inglés de manera significativa. Columbia West College me brindó todo el apoyo que necesitaba. De los profesores que tuve el honor de conocer, debo recalcar la creatividad y entrega a la hora de enseñar. Tuve la oportunidad de compartir con extraordinarios compañeros, realizamos trabajos en grupo, proyectos, vídeos y exposiciones.

Adicionalmente, CWC organizaba actividades extracurriculares semanalmente, como por ejemplo una ida al cine en el centro de la ciudad. Ser extranjero en un lugar donde hay personas provenientes de diferentes partes del mundo, terminó siendo más enriquecedor de lo que jamás hubiera soñado. Puedo decir que me sentí muy afortunada y no cambiaría nada de mi exitoso viaje. Le agradezco a AVAA, a la Embajada de EE. UU., y al CWC por ayudarme a adquirir conocimientos que me acompañarán por el resto de mi vida. Poder compartir mi experiencia de vivir en Los Ángeles durante estas semanas, me llena de satisfacción y agradecimiento.

 

-¿Qué significa Dios en tu vida?

-Yo soy muy católica. Soy misionera desde hace seis años, eso es dar testimonio con alegría y fe de lo que uno cree, de que Dios existe y que así como me ha ayudado a mí, puede ayudar a otras personas. No es adoctrinar, no es obligar. Con ellos he estado en Cubíro, estado Lara, en San Juan de Los Morros, en La Guajira. Vamos a cualquier casa, independientemente de la religión que tengan. Vamos a ayudar y a compartir con las familias, hacemos juegos con los niños, cine foro, entre otras cosas. Eso es vivir. Es saber por qué creo en Dios. Él está presente en mi vida desde que me levanto. Es la certeza de que nunca estoy sola. Él es la persona más importante en mi vida, además de mi mamá que siempre está sobre mí.

Con Dios he aprendido a aceptar las cosas como son. He aprendido a que cada quien vive su propia vida.

 

-¿Qué viene para ti de ahora en más?

-Seguir trabajando y hacer un postgrado para especializarme en prótesis. Es difícil irse de AVAA, es difícil aceptarlo, pero no me voy a apartar tan fácil de ellos, quiero ayudarlos.  

La grabadora parece que nunca estuvo presente, porque Maja, como le dicen sus amigos, actuó siempre natural. No es de esas personas que gesticula mucho, más bien es calmada y muy honesta. No se quitó el suéter, a pesar de que en el lugar no hacía frío, quizás era una forma de protegerse ante las preguntas de su vida privada. La grabadora ya está en off. Ella se levanta y se despide amablemente.

 

Cristhian Ortega/Becario AVAA.

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