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*El sol intenso del medio día apunta directo a su cara, el resplandor lo hace salir del letargo. No lo había despertado la bulla, pues ya se acostumbró a oírla a lo lejos y bloquearla automáticamente para poder seguir durmiendo. Entorna un poco los ojos, y de inmediato, los vuelve a cerrar con fuerza, como quien está en medio de un dulce sueño y no quiere regresar a la realidad. Después de luchar por unos segundos contra el astro, se despierta.

Vuelve la cabeza hacia un lado y ahí está Karina, su novia, tendida, y en el medio de los dos, su  bebé, Yudier, quien apenas tiene un mes de nacida. Se incorpora, rápidamente, para evitar el dolor en la espalda. Empieza a hurgar entre su mochila buscando algo de comer, cuando de pronto, frente a él, se detiene una camioneta de color azul que a primera vista recuerda al famoso transporte de Scooby-Doo, pero ésta, tiene dibujados unos médicos en la latonería. Karina y Yudier se despiertan también. Alguien se baja de la camioneta y se les acerca. El extraño les extiende la mano y les dice:

“Vamos, los invitamos a una experiencia que no van a olvidar”.

Rubén, levanta el rostro hacia, Sergio, un joven que vivió en las calles y ahora forma parte del Panabus.

(…)

 

 

Era 8 de noviembre de 2017, y con esta familia, empezaba la historia del Panabus, un proyecto de impacto social que busca realzar la dignidad de quienes atiende. Tiene su origen en Santa en las Calles, fundación presente en más de 10 países que por más de 11 años ha llevado alegría a las personas sin hogar en la temporada decembrina.

El Panabus  quiso ir más allá, y repartir esa generosidad todos los días a través de un proyecto con una labor plausible y de alto impacto social. Hoy conoceremos un poco de su misión en las palabras de Alberto Brito y Oscar Castillo, becarios egresados de AVAA quienes participan en este proyecto.

Con el Panabus te das cuenta de que no todo es como lo pintan, es una realidad que tienes que palpar para entenderla” Alberto Brito, egresado de la UCV y actual Coordinador Médico del Panabus.

 

Los pasajeros invitados

Después de conversar con Sergio, el mediador, y pensarlo por unos minutos, Rubén y su familia deciden subirse al misterioso autobús, justo antes de subir, un joven les toma una foto. Dentro, todo está limpio, organizado y huele a hospital, a plástico, a látex. Los recibe todo el equipo y les indican que quieren ayudarlos. Proceden a preguntarle algunos datos. Después de llenar un formulario, Rubén y Karina, con Yudier en los brazos, avanzan dentro del autobús (ahora un poco más confiados) lo que están por vivir será una experiencia que de seguro no olvidarán.

La primera estación es el baño, está al fondo del autobús, allí los pacientes toman una ducha, una experiencia que alguos ni si quiera recuerdan, pero ese no es el caso de esta pareja y su bebé, pues hace apenas 5 meses que su historia en las calles empezó, cuando tuvieron que abandonar su vivienda porque Rubén había quedado sin trabajo y su esposa estaba en la dulce espera, desde entonces, vivían cerca del Parque del Este, sin techo, comida ni empleo, al menos eso fue lo que relataron al subirse al autobús.

Después de cambiarse de ropa, van a la segunda estación, la barbería. Sentado frente al espejo, Rubén nota que su cabello ha crecido deprisa, ya casi no se le ven las facciones del rostro. Uno de los voluntarios del autobús comienza a hacer su trabajo y luego de unos cuantos minutos, Rubén luce fresco, parece otro hombre, ahora está vistiendo una franela con una camionetita estampada en el pecho, que es el logo del Panabus y en la manga izquierda, se puede leer la oración “Fundación Santa en las Calles”.

Aquél rostro sucio y sudado ha desaparecido. Karina y Yudier también están listas para avanzar a la tercera estación, quizás un poco nerviosos, porque en ella los espera el equipo médico para una evaluación.

El hospital sobre ruedas

El turno (o la guardia, como ellos la llaman) comenzó a las 9:00 am. Antes de empezar la ruta, Alberto y Génesis Oliveros quienes son los médicos encargados del día, han estado un poco nerviosos, pensando en lo que traerá esta nueva aventura, pero tienen la fe puesta en el proyecto y la certeza de que su trabajo servirá para mejorar la vida de estas personas.

Los Cuares, como serán conocidos de ahí en adelante, llegan a la tercera estación. El equipo médico les da la bienvenida. Por fortuna, los tres están en buen estado, pero requieren de atención inmediata, sobre todo Yudier, quien aún no ha recibió sus vacunas y esta baja de peso.

Uno de los médicos va llenando las historias según lo que los pacientes le indican, el otro, comienza a buscar en el stock los medicamentos que requieren. Karina y Rubén están mucho más tranquilos, a pesar de que Yudier estaba ligeramente inquieta, mirando a todos lados tratando de reconocer los rostros nuevos.

La cuarta estación es el comedor. Yudier se calma un poco cuando su mamá comienza a darle de comer una papilla que le ha acercado la doctora. Karina y Rubén también toman un desayuno, aún se miran entre sí, un poco asombrados, por todo lo que han recibido en apenas unas horas, pero continúan comiendo con cara de felicidad.

Trabajar en este proyecto me ha hecho abrir la mente hacia las personas en situación de calle. Uno suele creer que están así porque han hecho algo malo, pero las historias reales son muy distintas, conocerlas te hace cambiar la perspectiva” Oscar Castillo.

 

El motor del Panabus

Este bus, trabaja de lunes a viernes brindándoles una mano amiga a las personas que viven en la calle, cada 15 días escoge una ruta distinta entre los cinco municipios del Área Metropolitana de Caracas y se dispone a ayudar a entre siete y ocho personas al día.

El equipo está integrado por ocho personas, aproximadamente, durante cada jornada, personal administrativo, médicos, comunicadores sociales, mediadores, trabajadores sociales y personal de servicios, pero detrás de ellos, hay un grupo inmenso de colaboradores que donan medicamentos, equipos médicos, comida, repuestos para el autobús, dinero y otros insumos que permiten que el proyecto siga andando.

El Panabus trabaja de la mano con empresas e instituciones públicas y privadas como iglesias, ancianatos, centros de rehabilitación, entre otros, quienes se han convertido en piezas claves para la organización.

“Los que trabajamos en el Panabus recibimos honorarios profesionales, pero más que eso, esto te permite acercarte a otras realidades. Si antes pensaba que tenía sensibilidad social, me equivoqué, ahora sí la tengo” indicó Alberto Brito, becario recién egresado de AVAA quien ha trabajado en el proyecto desde su fundación (hace nueve meses). 

Los mediadores

Dentro de todo el equipo hay unos actores que tiene un rol estelar, los mediadores: Jesús Gómez, Johan Monterola y Sergio Hernández, tres hombres a quienes el consumo de sustancias ilícitas los llevó a vivir en la calle, pero que gracias al apoyo de instituciones y a su valentía, lograron recuperar su vida.

Meses de prueba han pasado antes de su primer acercamiento con los beneficiados, ellos son quienes invitan a las personas como Los Cuares a vivir la experiencia del Panabus, se aseguran de que los beneficiados se sientan cómodos y, por otro lado, se convierten en traductores del lenguaje que utilizan las personas en la calle, para que el personal del bus los entiendan.

“Jamás pensé en hacer esto. Dios me quería que yo aprendiera la lección para poder ayudar a los que aún siguen en la calle” Jesús Gómez, mediador.

 

La estación terminal

Rubén y Karina bajan las escaleras del bus. El equipo de medios  les hace una foto para que la comparen con la que les tomaron al iniciar el recorrido, su cara de satisfacción confirma que se ha logrado gran parte del trabajo, pero la historia no termina allí, el equipo ya ha remitido a la familia con sus aliados para que Yudier sea presentada en el registro civil y reciban apoyo para encontrar empleo y una vivienda digna. Su próximo viaje en el Panabus será dentro de 15 días para comenzar la etapa de seguimiento (…).

El Panabus arranca, ya ha cambiado en unas horas, la historia de esta familia.

***

Becarios comprometidos con el país

Alberto Brito y Oscar Castillo son egresados de la escuela Razetti de la UCV y han trabajado en proyectos de alto impacto social que han logrado cambiar la vida de muchas personas. Alberto, fue fundador del proyecto Mayú en el 2015 y actualmente trabaja en Access Salud y es el Coordinador Médico del Panabus “el mejor trabajo que ha tenido” según sus palabras. 

Oscar, por su parte trabaja como médico rural en Salud Baruta y desde febrero de este año es parte del equipo Médico del Panabus.

El Panabus es una ventana de oportunidades para la gente que está en situación de calle y en la que todos pueden aportar” Oscar Castillo.

 

Historias como las de Los Cuares se encuentran en los rincones más remotos del país, en donde solo hace falta que llegue la esperanza y la solidaridad.

¿Te gustaría apoyar este proyecto? Puedes hacer tu donación a través del siguiente enlace: Donacion

 

 

 

 

Cristhian Ortega-Prensa AVAA.

Fotografía: Ernesto Constante

*Esta narración fue basada en hechos reales, fielmente apegados a la observación y a los datos aportados por los entrevistados quienes han vivido en primera persona la experiencia del Panabus.

 

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